Cuidar de la salud de los peces (II)
Enfermedades más comunes
Las alteraciones en la salubridad de nuestros pequeños amigos son más
numerosas de lo cabe esperar. Hay una enfermedad que afecta a los ojos de los peces llamada exoftalmia que hace que los órganos visuales estén desorbitados. El líquido biológico se almacena en el interior de los ojos generando una hinchazón del globo y empujándolo hacia el exterior. Las causas de este achaque pueden estar en el propio acuario; concretamente en la calidad del agua, o en la nutrición que les facilitamos. Agentes externos como microbios o parásitos pueden igualmente tener el protagonismo en esta dolencia, además de presentarse acompañando a la tuberculosis o a la hiprodesía.
Con la hidropesía tendremos que barajar dos opciones, puesto
que existe una modalidad que se manifiesta por medio de una decoloración en las agallas, irritación del ano e exolftalmia. Poco a
poco se irá descamando la piel del pez, además de presentar ascitis al hincharse el vientre. La otra manifestación de esta enfermedad es a través de tumores.
Detectar un mal cuyo origen está en algún órgano externo es sumamente complicado, por eso la hexamita es una indisposición
que, para cuando se muestra visible, ya es demasiado tarde. Su signo más característico es la aparición de una mancha oscura en la zona frontal que va tomando profundidad y que acaba siendo un agujero.
El pez come menos, intenta aislarse y se vuelve corto de reflejos.
La tuberculosis también puede acabar con la vida de nuestros
amigos acuáticos si no tomamos medidas inmediatas. Estaremos alerta ante una bajada en su volumen, signos de inapetencia alimentaria, alteraciones en la coloración y otras deformidades en los órganos externos.
Los agentes patógenos
Las enfermedades más comunes provienen de los hongos, las bacterias y los parásitos. Cuando un pez sufre un rasguño está expuesto al ataque de los hongos pero, para erradicar a los mismos antes de que se produzca la agresión al pez, deberemos mantener limpio
el fondo del acuario de excrementos y otros restos orgánicos.
Por su parte, las bacterias debilitan al pez desde el interior de su
organismo. No obstante, podemos empezar a sospechar cuando vemos que el pez pierde el gusto por la comida: presentará las aletas rasgadas y sus ojos no serán los de un pez sano. Su acción es terriblemente rápida por lo que una actuación a tiempo
será fundamental. Por último, decir que los parásitos empiezan a dejarse notar cuando el pez presente síntomas de inactividad, se vuelva lento, se frote con el mobiliario del acuario y su respiración sea anómala.
yulia dijo
me encantan los peces, me gustaria publecaran mas informacion sobre ellos... gracias La Gerencia
20 Noviembre 2007 | 02:14 PM